Vomitando realidad en una tarde de poca luz. Soy una pésima escritora, pero para decir la verdad no es necesario ser literato.

viernes, 26 de julio de 2013

El mendigo pintor.

Sentado sobre un cartón, harapos y ropas sucias son su colchón, ya no le afectan las miradas de desprecio, sigue observando a los necios, viendo al mundo pasar escucha a su estómago gritar, pero aún no se puede marchar, el objetivo de sus días ha de terminar. Cuando lo perdió todo se replanteó su vida, y decidió que prefería la calle a dormir en la misma cama con una mujer fría, insensible en sus palabras, en sus actos despiadada, comprendió que era una farsa, la justicia ya no está, se ha marchado desnuda y descalza y la que ahora ocupa su puesto, no justifica el descontento, la rabia, la ira del que no tiene nada, por fuera de tela, por dentro de piedra, podrido corazón que no sabe del amor, del calor del honor. 
Cuanta importancia daba el hombre a unas pocas monedas que guardaba con recelo bajo una chaqueta muerta, que apesta pero aún así la lleva puesta porque el frío no cesa, no perdona la piel que roja se queja e intenta escapar del cuerpo que vive en plena calle entre rejas, entre ratas y miseria. 
Una niña se sienta a su lado, le pregunta por qué viste con harapos, por qué en el suelo está sentado, por qué está tan sucio y delgado y él le responde con una sonrisa desdentada, "vivo así por que amo, porque he decidido odiar al tirano, porque soy el pintor olvidado". Ella saca del bolsillo de su falda una pequeña galleta se la deja sobre la gorra y se va contenta, satisfecha con la respuesta del sucio y delgado enamorado. 
A los pocos instantes un hombre de traje le recrimina haber hablado con aquella niña, llaman a la policía, 72 horas en comisaría, palizas, pero su espíritu no se hace trizas y cuando le sueltan vuelve a su cartón a pedir unas monedas en nombre del amor. La hermosa niña jamás volvió y él extraña la inocencia de sus ojos. 
Una mujer lo mira asqueada, le tira con desprecio unas monedas en la gorra agujereada, pronuncia esa triste palabra, borracho, parásito le llama cuando a varios metro de él ya le da la espalda y no mira hacia atrás porque siente su conciencia acallada. El pintor se levanta y tira las monedas hace poco recividas ante la mirada atónita de la sociedad que juzga y critica, sin pensar siquiera en los duros golpes de la vida. 
Dos años más vivió antes de morir de frío en un callejón, no sin antes dejar un legado de amor, juntado las monedas que guardaba con recelo bajo la chaqueta muerta, mucha pintura de colores compró, una brocha y un bocadillo en su carro viejo cargó y jurándose no morir antes de tiempo de la pared más horrenda se apropió y en ella dibujó la mayor obra de arte, la que tantos años planeó, sobre ella una frase que decía: "Soy el mendigo pintor, por favor, no juzguen por el aspecto ni por el color, no juzguen por el sexo, juzguen por el corazón, vean más allá porque los ideales no se pueden tapar a menos que ciegos de avaricia se nieguen a mirar, por favor, amen, no pido más". 
Años después la niña, ya mujer, regresó, observó el mural, se cubrió la cara y empezó a luchar, en nombre del amor, en nombre del mendigo pintor.

A mis hermanos y hermanas

Hola hermano, me presento sin florituras ni nada extraño, sólo soy otras dos manos, otro corazón y otra hoja golpeada por el viento de la razón. Desde niña siempre supe que en mi interior había algo, que latía y bombeaba con viento huracanado, los vecinos me miraban extrañados, avergonzados incluso, cual recluso encerrado en la prisión equivocada, preguntándose por qué esa niña tan poco lloraba y tanto hablaba.  Lejos queda ya esa niña, aunque no demasiado, porque la niñez y la inocencia son el bien más preciado para las almas que saben amar contra la tormenta que miles de árboles ha arrancado.  Pero no llores hermano, que los árboles semillas han dejado y manos puras plantarán nuevos días claros.  
Se alejó de mí la niñez, crueldad me hizo perder la inocencia, la chabola destartalada que llamé hogar seguía sobre mi cabeza y la miseria me pegaba para que no la levantara, aunque reconozco que en un tiempo fui feliz, no olvido ni olvidaré a los que me hicieron sufrir y jamás perdonaré a quién a mis padres dañó porque mi viejo me enseñó que la dignidad robada es la peor traición. 
No lloro ni lloraré, sólo lágrimas de amor derramaré, sólo palabras ciertas escupiré porque hay algo que no se puede perder, ese viento huracanado del que antes te hablé. Sé que también lo sientes por eso te escribo esto, para hablarte de lo oscuro de otros tiempos, de la luz que ahora veo gracias a tí, a tus palabras y a otros tantos camaradas. 
Lo intento con todas mis fuerzas y alguna vez lo consigo, la sonrisa que se planta en mi cara tiene flores de colores, tiene mariposas volando incesantes, sólo deseo compañeros que si caigo, me levanten. Que sepan que somos iguales, que lean para no ser ciegos, que amen con la fuerza que yo siento en el pecho, yo cargaría con tu peso, porque sé que me quieres, por eso te quiero. 
Sigue amando amigo, aunque no puedas verme, estoy ahí contigo.