Vomitando realidad en una tarde de poca luz. Soy una pésima escritora, pero para decir la verdad no es necesario ser literato.

lunes, 20 de enero de 2014

Podría decir...

Podría decir muchas cosas acerca del todo, y otras tantas acerca de la nada, pero es que el todo no me pertenece solamente a mí, y la nada me desprecia como un ateo al bautismo. Podría ser descarada y absolutamente sincera y decir muchas palabras mal sonantes que tanto horrorizan a algunos, pero por lo que se ve, lo correcto es no salirse de la norma establecida y en lugar de decir las cosas con claridad es más vistoso y elegante falsear, mentir y tergiversar la verdad a conveniencia, porque eso es lo que dictan las normas tan democráticas y libres de nuestra sociedad. 
No podría decir, recordemos las normas, por qué la palabra sociedad me recuerda muchísimo a otra de la que se habla mucho más, la suciedad. Claro, podría deciros que una buena opción es el hecho de que sólo cambia una letra pero, estaría mintiendo y aunque a la mayoría les resulte una nimiedad, una tontería, una mentirijilla piadosa, en realidad es un acto de cobardía. 
La verdad, es que si nos decidimos a abrir los ojos un segundo, si decidimos mirar y comparamos su esencia, resulta que el parecido no sólo se reduce a las letras y que bien podríamos llegar a confundirlas. Quizá sea porque desgraciadamente, gracias al gigante y asesino capital las dos apestan por igual, y cuando algo huele tan mal llega ese sentimiento tan desagradable, cual analítica de sangre que confirma tus temores, por eso os negáis a mirar, no queréis saber hasta el punto que está podrida. 
Podría decir, para ser una ciudadana de bien, que hay que respetar a todo el mundo y que ser racista no es tan horrible, porque al fin y al cabo es un instinto de supervivencia y muchas estupideces más, pero al igual que un honrado médico jamás dejaría morir a un ser humano inocente por no recibir dinero a cambio de salvar su vida, yo, que soy hija de esta tierra, que soy parte de este mundo, quién en su sano juicio puede pedirme que no trate de coser las puñaladas que recibe cada día, él y sus más desfavorecidos hijos. 
Y si he de robar la aguja y el hilo, lo haré, jamás venderé mi sangre, por mi pueblo la derramaré sin pedir a cambio, así sea en un cuartel o en una verde pradera, porque otros y otras lo han hecho por mí, los que murieron también soñaban con alcanzar las estrellas y aquí en la alcantarilla no nos olvidamos, de quién lo entregó todo con su corazón bombeando fuego revolucionario. 
Podría señalaros y gritar vuestros nombres, podría mear sobre vuestra tumba, pero el tiempo me enseñó que el que no mira es porque realmente no quiere mirar, así que prefiero decir la verdad mas sincera de mi interior, sois unos bastardos y deseo veros comiendo tierra bajo el suelo. Prefiero gritarle al viento que viva, eternamente, el ejército del pueblo.

Hijas de la calle


Bastardos no entienden que nos quema la rutina, somos hijas de la calle pasando como de la mierda de tu estética de pegatina, somos duras ya no hay duda, lo hemos demostrado durante siglos de tortura, no tengo yo la culpa de que en tu cerebro de mosquito no se pose la idea de un mundo libre de machitos, hartas de engendros que se creen hombres y sólo son tristes marionetas a los que el poder de la dominación corrompe.
Somos hijas de la calle, sabemos andar descalzas, tiraremos de las cadenas aunque sólo podamos arrastrarlas, escupiendo sobre leyes de mierda, que nos atan desnudas a las rejas de esta celda, patriarcado bastardo, no esperes que me someta, cuantas veces habré dicho: tengo frío sí, pero no quiero tu chaqueta.
A veces locas enérgicas, a veces desgastadas, a veces putas, a veces tiernas hadas, siempre mujeres dignas, sin eso no vales nada y el precio no lo pones tú, lo pone el peso de tu alma.
Somos hijas de la calle de día y de noche, ojo con lo que ladras, conocemos callejones, somos hermanas de la noche con el corazón hecho jirones por el mundo que se derrumba y verdaderos héroes en la tumba.
Somos las que lloran desconsoladas, a veces de dolor, otras de odio y rabia pero secamos nuestras lágrimas con banderas rojas y estrellas doradas pálidas. Las que gritan desgarradas, no nos manches con tus brillos, llénanos de pintadas, que resuenen en ecos de bramidos eternos ¡LIBERTAD CAMARADAS!

Cálido atardecer



A través del pálido atardecer caen las luces y danzan con la pólvora del aire,
suenan trinos azules, blancos y rojos, esbozos de las calles.
Y sopla el viento con los pulmones llenos de humo,
y despierta la realidad dando tumbos.
A través del pálido atardecer se apaga la lluvia que ya no baña vidas turbias,
se apaga la lluvia y otra vez, incesante, el mundo.
Intuyo sombras y luces, arranco carteles y sigo caminando,
A través del pálido atardecer esperamos a que caiga la luz,
que prenda fuego a la pólvora y el atardecer se vuelva cálido.

Bailando entre escarcha



Bailando entre escarcha hallé mi cumbre, y ya pierdo la cuenta del combustible de esta lumbre, moría entre sus brazos al pensar que algún día faltaría lo único que me empujaba a caminar, solo hay tres esquinas en mi retrato, no hay trato barato, o luchas por éste mundo o te vas al carajo, no tengo miedo a la muerte pero no quiero morir sin dejar caminos más limpios en los que construir socialismo y pasión por vivir.
No temo al miedo, no hay más, hay que seguir caminando o quedarse atrás, mis pasos de calle levantan nieblas y lanzo el secreto a parpadeos de farolas eternas. Otro mendigo durmiendo en la acera, derramo otra lágrima que de frío se hiela y rompo en silencio mis cuerdas vocales «que me manden a Cuba esos fachas de mierda» , mastico rabia y amor, una gota de sangre se derrama por mi cuello desierto, otra espina clavada, ya son demasiadas, despierta, piensa, lee y hazte camarada. Puños en alto y a las barricadas.

LIBERTAD PRESXS ANTIFASCISTAS


Artista también es el que busca la verdad y la plasma en cada muro de la jodida ciudad, no sé si escuchas al tiempo llorar y a todos los muertos pidiendo venganza, justicia social, hermanos en una celda vacía y fría por pensar, por querer trabajo y dignidad en una hermosa sociedad. 
Amigos del fusil y la paz, porque sin éste la segunda jamás obtendrás, más que dignos adversarios del capitalismo criminal, cuando abras los ojos ya no los podrás cerrar, el miedo atacará pero seguro encontrarás camaradas que te ayudarán a caminar, basta de mentiras ya, comunismo es amor y algún día lo descubrirás, amarás a quién sin pedir nada a cambio entregó su vida y su felicidad por tu paz. 
La solidaridad, la base de cualquier persona que así se haga llamar, no te duele ver buscar a una anciana comida en un contenedor para poder cenar, no te imaginas lo que sentirá un padre que ha de soportar con lágrimas ácidas que sus hijos no puedan desayunar. Detesto la caridad porque imagino recibirla y me siento demasiado mal, luego os extrañáis del alcoholismo y la precariedad. 
Hay quién luchó golpeando fuerte para cambiar este destino inclemente, partiéndose la vida para abrir tu mente, yo me quemo y no me vale el «no condeno», apoya y manifiesta, más gritar amnistía y menos fiesta.

viernes, 26 de julio de 2013

El mendigo pintor.

Sentado sobre un cartón, harapos y ropas sucias son su colchón, ya no le afectan las miradas de desprecio, sigue observando a los necios, viendo al mundo pasar escucha a su estómago gritar, pero aún no se puede marchar, el objetivo de sus días ha de terminar. Cuando lo perdió todo se replanteó su vida, y decidió que prefería la calle a dormir en la misma cama con una mujer fría, insensible en sus palabras, en sus actos despiadada, comprendió que era una farsa, la justicia ya no está, se ha marchado desnuda y descalza y la que ahora ocupa su puesto, no justifica el descontento, la rabia, la ira del que no tiene nada, por fuera de tela, por dentro de piedra, podrido corazón que no sabe del amor, del calor del honor. 
Cuanta importancia daba el hombre a unas pocas monedas que guardaba con recelo bajo una chaqueta muerta, que apesta pero aún así la lleva puesta porque el frío no cesa, no perdona la piel que roja se queja e intenta escapar del cuerpo que vive en plena calle entre rejas, entre ratas y miseria. 
Una niña se sienta a su lado, le pregunta por qué viste con harapos, por qué en el suelo está sentado, por qué está tan sucio y delgado y él le responde con una sonrisa desdentada, "vivo así por que amo, porque he decidido odiar al tirano, porque soy el pintor olvidado". Ella saca del bolsillo de su falda una pequeña galleta se la deja sobre la gorra y se va contenta, satisfecha con la respuesta del sucio y delgado enamorado. 
A los pocos instantes un hombre de traje le recrimina haber hablado con aquella niña, llaman a la policía, 72 horas en comisaría, palizas, pero su espíritu no se hace trizas y cuando le sueltan vuelve a su cartón a pedir unas monedas en nombre del amor. La hermosa niña jamás volvió y él extraña la inocencia de sus ojos. 
Una mujer lo mira asqueada, le tira con desprecio unas monedas en la gorra agujereada, pronuncia esa triste palabra, borracho, parásito le llama cuando a varios metro de él ya le da la espalda y no mira hacia atrás porque siente su conciencia acallada. El pintor se levanta y tira las monedas hace poco recividas ante la mirada atónita de la sociedad que juzga y critica, sin pensar siquiera en los duros golpes de la vida. 
Dos años más vivió antes de morir de frío en un callejón, no sin antes dejar un legado de amor, juntado las monedas que guardaba con recelo bajo la chaqueta muerta, mucha pintura de colores compró, una brocha y un bocadillo en su carro viejo cargó y jurándose no morir antes de tiempo de la pared más horrenda se apropió y en ella dibujó la mayor obra de arte, la que tantos años planeó, sobre ella una frase que decía: "Soy el mendigo pintor, por favor, no juzguen por el aspecto ni por el color, no juzguen por el sexo, juzguen por el corazón, vean más allá porque los ideales no se pueden tapar a menos que ciegos de avaricia se nieguen a mirar, por favor, amen, no pido más". 
Años después la niña, ya mujer, regresó, observó el mural, se cubrió la cara y empezó a luchar, en nombre del amor, en nombre del mendigo pintor.

A mis hermanos y hermanas

Hola hermano, me presento sin florituras ni nada extraño, sólo soy otras dos manos, otro corazón y otra hoja golpeada por el viento de la razón. Desde niña siempre supe que en mi interior había algo, que latía y bombeaba con viento huracanado, los vecinos me miraban extrañados, avergonzados incluso, cual recluso encerrado en la prisión equivocada, preguntándose por qué esa niña tan poco lloraba y tanto hablaba.  Lejos queda ya esa niña, aunque no demasiado, porque la niñez y la inocencia son el bien más preciado para las almas que saben amar contra la tormenta que miles de árboles ha arrancado.  Pero no llores hermano, que los árboles semillas han dejado y manos puras plantarán nuevos días claros.  
Se alejó de mí la niñez, crueldad me hizo perder la inocencia, la chabola destartalada que llamé hogar seguía sobre mi cabeza y la miseria me pegaba para que no la levantara, aunque reconozco que en un tiempo fui feliz, no olvido ni olvidaré a los que me hicieron sufrir y jamás perdonaré a quién a mis padres dañó porque mi viejo me enseñó que la dignidad robada es la peor traición. 
No lloro ni lloraré, sólo lágrimas de amor derramaré, sólo palabras ciertas escupiré porque hay algo que no se puede perder, ese viento huracanado del que antes te hablé. Sé que también lo sientes por eso te escribo esto, para hablarte de lo oscuro de otros tiempos, de la luz que ahora veo gracias a tí, a tus palabras y a otros tantos camaradas. 
Lo intento con todas mis fuerzas y alguna vez lo consigo, la sonrisa que se planta en mi cara tiene flores de colores, tiene mariposas volando incesantes, sólo deseo compañeros que si caigo, me levanten. Que sepan que somos iguales, que lean para no ser ciegos, que amen con la fuerza que yo siento en el pecho, yo cargaría con tu peso, porque sé que me quieres, por eso te quiero. 
Sigue amando amigo, aunque no puedas verme, estoy ahí contigo.