No podría decir, recordemos las normas, por qué la palabra sociedad me recuerda muchísimo a otra de la que se habla mucho más, la suciedad. Claro, podría deciros que una buena opción es el hecho de que sólo cambia una letra pero, estaría mintiendo y aunque a la mayoría les resulte una nimiedad, una tontería, una mentirijilla piadosa, en realidad es un acto de cobardía.
La verdad, es que si nos decidimos a abrir los ojos un segundo, si decidimos mirar y comparamos su esencia, resulta que el parecido no sólo se reduce a las letras y que bien podríamos llegar a confundirlas. Quizá sea porque desgraciadamente, gracias al gigante y asesino capital las dos apestan por igual, y cuando algo huele tan mal llega ese sentimiento tan desagradable, cual analítica de sangre que confirma tus temores, por eso os negáis a mirar, no queréis saber hasta el punto que está podrida.
Podría decir, para ser una ciudadana de bien, que hay que respetar a todo el mundo y que ser racista no es tan horrible, porque al fin y al cabo es un instinto de supervivencia y muchas estupideces más, pero al igual que un honrado médico jamás dejaría morir a un ser humano inocente por no recibir dinero a cambio de salvar su vida, yo, que soy hija de esta tierra, que soy parte de este mundo, quién en su sano juicio puede pedirme que no trate de coser las puñaladas que recibe cada día, él y sus más desfavorecidos hijos.
Y si he de robar la aguja y el hilo, lo haré, jamás venderé mi sangre, por mi pueblo la derramaré sin pedir a cambio, así sea en un cuartel o en una verde pradera, porque otros y otras lo han hecho por mí, los que murieron también soñaban con alcanzar las estrellas y aquí en la alcantarilla no nos olvidamos, de quién lo entregó todo con su corazón bombeando fuego revolucionario.
Podría señalaros y gritar vuestros nombres, podría mear sobre vuestra tumba, pero el tiempo me enseñó que el que no mira es porque realmente no quiere mirar, así que prefiero decir la verdad mas sincera de mi interior, sois unos bastardos y deseo veros comiendo tierra bajo el suelo. Prefiero gritarle al viento que viva, eternamente, el ejército del pueblo.
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