Bastardos no entienden que nos quema la rutina, somos hijas de la calle pasando como de la mierda de tu estética de pegatina, somos duras ya no hay duda, lo hemos demostrado durante siglos de tortura, no tengo yo la culpa de que en tu cerebro de mosquito no se pose la idea de un mundo libre de machitos, hartas de engendros que se creen hombres y sólo son tristes marionetas a los que el poder de la dominación corrompe.
Somos hijas de la calle, sabemos andar descalzas, tiraremos de las cadenas aunque sólo podamos arrastrarlas, escupiendo sobre leyes de mierda, que nos atan desnudas a las rejas de esta celda, patriarcado bastardo, no esperes que me someta, cuantas veces habré dicho: tengo frío sí, pero no quiero tu chaqueta.
A veces locas enérgicas, a veces desgastadas, a veces putas, a veces tiernas hadas, siempre mujeres dignas, sin eso no vales nada y el precio no lo pones tú, lo pone el peso de tu alma.
Somos hijas de la calle de día y de noche, ojo con lo que ladras, conocemos callejones, somos hermanas de la noche con el corazón hecho jirones por el mundo que se derrumba y verdaderos héroes en la tumba.
Somos las que lloran desconsoladas, a veces de dolor, otras de odio y rabia pero secamos nuestras lágrimas con banderas rojas y estrellas doradas pálidas. Las que gritan desgarradas, no nos manches con tus brillos, llénanos de pintadas, que resuenen en ecos de bramidos eternos ¡LIBERTAD CAMARADAS!
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