Vomitando realidad en una tarde de poca luz. Soy una pésima escritora, pero para decir la verdad no es necesario ser literato.
jueves, 30 de mayo de 2013
El perfume de revuelta
Yo solo sé que soy la bala perdida, la que escupía realidad y hostias recibía. Que cojones quieres enseñarme, si he pasado muchas noches en la puta calle, apalizada por la rabia, la que no estallaba contra quien se la buscaba, siempre supe que no he de faltar al amor, porque cuando era niña ella me lo enseñó, pero joder, mira que vueltas da la vida, que ahora casi la odio y ya vuelvo a estar jodida.
No me comas la cabeza que yo no voy a ser tu princesa, yo soy rata callejera, si me levantas la mano o quieres violarme, te daré por el culo hasta que sangres, por todas las que fueron y las que desgraciadamente serán, si me entero de tus juegos, reza, corre, no te servirá.
No hay piedad, nuestro sexo débil te puede apuñalar, ojo, machito, no juegues con las que se hacen respetar, no por follar menos, respeto porque luchan cada día más.
Nunca quise ser la estrella, nunca quise ser nada, más que la esponja de tus lágrimas, la que espera ser amada, la violada que viola, impartiendo justicia, para que ninguna otra niña sepa de la injusticia del violador absuelto por la "justicia."
No quiero que me llamen ¡guapa! por la calle, ni que babosos desesperados me inviten a copas en la discoteca, quiero ser la rabia del padre que no tiene ni para pagar una receta, la venganza de una madre que ve demasiado negro el futuro de sus hijos, el recuerdo del héroe en la cuneta, la memoria de siguientes generaciones, cada grito de ¡estoy hasta los cojones!, la ira del pueblo, el filo de la guillotina, el martillazo en la cabeza de ese nazi, mira, la cosa está así, yo no me arrodillo ni muerta, porque si muero quedará en las calles el perfume de revuelta.
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