Vomitando realidad en una tarde de poca luz. Soy una pésima escritora, pero para decir la verdad no es necesario ser literato.

miércoles, 26 de junio de 2013

El cuerdo loco

Un sueño roto, una niña que llora, una vida que muere y otra que aflora, cantarán los pinos, y llorará la tarde, qué decir si ya nadie puede escucharte, qué gritar con el silencio en trizas si ya nadie los pedazos recompondrá. 
Él era el hombre sin nombre, el cuerdo loco, en su entierro pocos, muy pocos, pero que lloran a mares, que se ahogan en la desesperación de buscar al olvido para que huya el dolor.  Alrededor de su ataúd no hay flores, hay pequeñas banderas rojas, intensas, como la sangre que no hiela. Como al atardecer haciendo el amor con su amada Mariela, su compañera, la que ahora espera, impaciente, volver al lado de su amado. Volver a las risas, a correr sobre los tejados, a bañarse en el mar de noche y hacer grandes derroches de amor en cualquier esquina, besarse con el cuerdo loco delante de la vecina, el calor de la hoguera de aquella cabaña, las fotos borrosas y las hora encantadas.
El cuerdo loco y su mujer, los abandonados del mundo, los de firmes ideales, los jugueteros de las estrellas cuando a la esperanza ya no la esperaba nadie, sin joyas ni ropa, sin llantos ni minutos perdidos, solo corazón y razón. El cuerdo loco no bebía, ni pegaba a su mujer, ella le correspondía y le miraba con alegre simpatía, le abrazaba con fuerza, caminaba a su lado, alguna vez hasta le gritó y él permaneció callado, la abrazó, la besó y se sentó a su lado, la hizo reír y esa noche se amaron. Vaya si lo hicieron, se escandalizaban los vecinos, pero ellos estaban unidos por el destino y por la vida. 
Ella se acerca al ataúd, serena pero apesadumbrada, y con firmeza posa su mano sobre la madera tallada, lo dice bien alto, no me esperes despierto mi vida, sabes que cuidaré de mí, sabes que sé cuidar de mi misma, sigue luchando amor, allá dónde hayas ido, sigue tornando en amor lo que fue amargo delirio, mientras viva, yo seguiré en pie añorando el olor de tu piel. Que se jodan los envidiosos, que se jodan los farsantes, a mi me has llevado a planetas desconocidos volando entre galaxias brillantes, a tu lado fui libre, jamás me has atado, es por eso que no me he marchado, porque he sido libre, si, a tu lado. 
Una niña ha nacido, cantan los pinos, disfruta de un olor conocido, pasará el tiempo y también tomará su camino, se hará fuerte y buscará lo perdido y al fin de sus días hará inventario de lo vivido, y sabrá si ha estado o ha sido. 

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