¿Confesarme? Al cura le da un infarto, solo con decirle que he follado con el diablo, otras cosas más turbias aparto, si te contara aquella noche le pondrías cerrojos a tu cuarto. El dolor, la angustia, la fobia, el asco, cuando no sabes que hacer inventas mundos paralelos con encanto. Cantos de sirena, tu mente vuelve a las cadenas, a la muerte y al suspiro soñando lunas eternas.
Pero algo dentro de mí me grita incesante, me insulta y me pega para que me levante, para que no pierda la cabeza, ser consciente de lo que te rodea es la peor condena. Puedes matar, puedes dejarte morir, o puedes luchar en nombre del amor que te ayudó a vivir y ver claros en la noche cuando el terror no te dejaba dormir.
Un callejón oscuro, baldosas de sangre negra, sabes lo que hay al final del camino, sí, sabes lo que te espera, pero no tiembla tu paso, no temblará tu mano porque no tiembla tu férreo empeño ni el tiempo que se te ha dado. No hay condena, no hay cadena, no hay candado que pueda someter un alma libre y el destino que se ha forjado. El fin de mis días será feliz y deseado.
No lloro, espero sentada al llanto, hoy no viene, se retrasa, algo habrá pasado, quizá una mente que se ha abierto y lucha contra el imperio de la muerte. Una cascada ascendente, una muerte en vida, un tesoro no buscado y una lágrima no caída.
La justicia está borracha, desnuda zorreando en cualquier bar de mala fama, rodeada de fachas, que le escupen semen y la tratan como una fulana barata. Cómo hemos permitido que tan grandiosa palabra mude en hiel en la garganta. Que se levanten los caídos, que se despierten los dormidos, que resuciten, no a los muertos, a los vivos. Que se levante el puño y canten la letra de la libertad, que se alcen las banderas, que sepan que vamos a luchar.
Que nos condenen, que nos maten, que caigan bombas, que nos maltraten, pero que no se escondan los culpables, que el pueblo vea con sus ojos la masacre, que no se olvide a Sevillano, que con el sacrificio de su muerte se han abierto muchas mentes, que su acto ha sido el más bello gesto de amor, la máxima expresión de Revolución.
Encerraría en ese zulo a algún que otro concejal, para los cerdos gordos tengo pensado otro final, les haría pagar con sangre cada bote de caviar. Mientras tanto espero triste leyendo en un parque, vuestra rosa es roja sólo porque está bañada en sangre. Colgadas de una plaza, las infantas estarían preciosas y el rey demacrado por los trabajos forzados cavando su propia fosa. Hijo de puta acabarás limpiando los pies a ese mendigo, que a pesar de todo ha vivido digno.
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